Han pasado años, pero yo te recuerdo.
Recuerdo tu voz ingrávida
también algunos de tus lamentos.
Como quién bebe día a día
una copa de su mejor vino yo abro
cada vez que puedo
esas cartas que me escribías que decían
de nuestro amor y nuestros sueños.


Aún me pregunto por qué dejaste de amarme.
Para mí aún eres un ser imperfectible
de defectos
Para mí aún representas el último momento de mi niñez.
Es como si me hubieras dado vida.
Cómo no recordándote no agradecer.
Si no sé.
Si viviré el amor otra vez.
Porque tu me amabas ¿O tampoco fue?

Ya no sé nada.
No tengo certezas.
Sólo en este tiempo conocí otros hombres
y su naturaleza,
me deja nada
bueno, nada mejor que tú
aunque nada peor que la tristeza
de no tenerte ahora y nunca
perdonaras mis bajezas.

Aún recuerdo como un día
escribiste en mi espalda aquellas
imborrables dos palabras.
Cada vez que sufro y tiemblo
del frío recuerdo
como me cobijabas antes de dormir
como velabas mi sueño.

Amo tu recuerdo más que a cualquier otro recuerdo.
Amé tus ojos más que a mi vida.
Amé tus manos, tu cuerpo, tu valentía,
tu futuro, tus proyectos, tu vida.

Escribí berborrea entre lágrimas, sollozos, sufirmientos.
La vuelvo a escribir.
No sé si aún te amo, pero te quiero.
Te quiero por lo que vivimos, por lo que fuimos.
Y por lo que nunca seremos.

Infructuosamente he intentado una respuesta
hoy publico estas letras para tí a estas alturas
quizás patéticas
porque nunca perderé la esperanza de escuchar
tu perdón de nuestro para siempre.

No eres tú, soy yo la que ha de perdonarte.
Quizás por eso no te olvido
porque no desdibujaste nuestro futuro
yo nunca habría desdicho mis frustraciones.

¿Tendrá que ser así la vida?
¿Llena de sinsabores amargos?
Volví a amar
pero no a ser amada.
Es lo mismo que nada.
Así te recuerdo, a tí y a tus palabras. A tus sencillas letras,
dibujos, diagramas...

Niño eterno, ¿Tendrás aún contigo mis palabras?
Nisiquiera eso sé de tí.

Ojala no te hayas muerto, aunque si hubiese podido
yo misma lo hubiera hecho en determinado momento
en un deseo por eternizarte junto a mí
a tí y a tu recuerdo, ávidos, míos!

Mi mente vaga, insana, aún te evoca.
Aunque ya no entre lágrimas
aveces innecesarias.
El dolor no tan sólo se expresa
en simples gotas de sal y agua.

Con un poco de madurez
me he acercado a comprender
tu dolor de aquella vez
insensible a mi llanto.

Cuánto tiempo tendrá que pasar
para olvidarte, para dejar de soñarte
para dejar de escribirte
para dejar de odiarte, quererte, recordarte.

Despues de ti mi vida quedó en todo y nada.
Luego de dejarme mataste una parte de mí
la que era sincera, tierna, frágil.

Hace unos días te ví, desde entonces
no puedo dejar de pensar en tí.
En que reconocí tu mirada y tu nariz
además de tan característico gorro
y parka gris.

Te ví un día de lluvia que momento mas fortuito
para reconocerte
sólo yo
sería capaz de hacerlo aunque tu ropa haya cambiado
sigues siendo el mismo, porque pocos
sonrríen con los ojos.

Como tú, y aún me pregunto por qué reirías,
si yo tuve tantas ganas de volver a llorar.
Tambien maldigo mi timidez, no hablar,
y haber resumido un poco todo aquello que quisiera decirte,
que escribo ahora y que quiero como a nada olvidar.

Olvidar aquella mediatarde de lluvia
en la que fue inevitable abrazarte
despues besarte
y despues llorar.

Aún me dueles aunque ya no tenga sentido.
En realidad nada lo tiene.
Siquiera la vida sin tí lo tuvo.
Hasta olvidar como sentirte, como amarte, cada uno
de esos sublimes momentos.


A Claudio Calderón Castro.

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